jueves, 2 de junio de 2016

Un golpe sincero

Hace tiempo, cuando empezaba mi adolescencia, yo llegué a una conclusión muy personal. Tan personal era esa conclusión, tan profundo fue mi convencimiento acerca de lo acertada que resultaba, que asumí que sin lugar a dudas, esa era La Verdad.
Así, en mayúsculas, La Verdad. La Verdad que engloba a toda otra verdad, La Verdad que permite estar de pie ante la duda y enfrentarla, La Verdad que debería ser suficiente para todos, y ante la que todos deberían postrarse. Así viví muchos años.
En mi mente y en mi corazón me convencí de que estaba en lo correcto, que el camino que yo seguía, o decía seguir, era el único posible si se deseaba mejorar el mundo. Descartaba toda otra posibilidad, y no lo hacía con maldad hacia nadie. Yo honestamente deseaba que todos pudiéramos encontrar paz de esa manera, encontrando ese convencimiento que yo encontré, conociendo esa Verdad y escalando a lo que yo creía, era un nuevo nivel de humanidad.
La realidad no era tan sencilla.
Me reuní con gente que compartía el mismo ideal, que abrazaba la misma Verdad. Estudiamos juntos, meditamos mucho, hicimos eventos, hablamos a la gente, incluso aparecí en la televisión. Y no pasó mucho tiempo hasta que comencé a ver que en realidad, mis ideales y mi Verdad no eran exactamente iguales a los de mis compañeros. A lo lejos, si, se veían muy similares, pero cuando los observaba en detalle surgían las diferencias. A veces apenas tonalidades, otras veces rudos contrastes. Pero la prueba estaba ahí: lo que yo concebía como Verdad no era universal. Yo estaba forzando en los demás mi propia percepción de la realidad y de cómo yo quería que fuera.
Pasado el tiempo he conocido a otras personas, algunas con ideas absolutamente diferentes que las mías, y he visto con sorpresa cómo al observarlo en detalle, surgen puntos en común, tonalidades semejantes, coherencias inesperadas, aún cuando el conjunto sea diametralmente opuesto.
Esa conclusión me golpea duro cuando observo actos de intolerancia, en especial cuando los juzgo, ¿no estaba yo del otro lado antes? ¿no fui yo el intolerante, el que quería establecer su propia visión en la mente de los demás? ¿no lo hacía de forma sincera, acaso?
Yo no deseaba causar daños a nadie, mis objetivo era ayudar a mejorar el mundo en el que vivía, y lo hacía de la forma que conocía. Pero no me cabe ninguna duda de que yo, en ese intento y en mi ingenuidad, ofendí, lastimé y violenté a otras personas. Fui intolerante y fui cerrado de mente y no es algo que es fácil de admitir. Porque pienso en el daño que causé, pienso en las personas a las que lastimé con una cara sonriente y la conciencia tranquila. Yo pensaba que demostraba amor, y en realidad demostraba otra cosa.
Digo "fuí", pero no estoy tan seguro. El mundo que habitamos no es tan sencillo como para modelarlo con solo una idea, como para abarcarlo con solo una verdad salida de una mente humana, pero sigo intentando hacerlo. Deseo, como todo ser humano, que mis ideas sean reconocidas, y para ello las confronto con otras, igualmente válidas, pero muchas veces incompatibles con las mías, y es inevitable la confrontación. Y no puedo evitar pensar que yo sigo teniendo razón, que mi verdad sigue siendo La Verdad, cuando solamente es una interpretación parcial que se modificará con e tiempo y las circunstancias. Porque es difícil no creer en una idea, o un conjunto de ideas, y ser sincero en esa actitud, sin suponerlas superiores, mejores, más adecuadas.
Es muy fácil decir que uno es tolerante y de mente abierta, es difícil, o acaso imposible, serlo de verdad. Porque eso implica admitir que uno esta, en cierto modo, equivocado todo el tiempo, y que mi visión de la realidad es tan solo un reflejo momentáneo en una pequeña faceta de ella, y que no puedo llegar a abarcarla o a comprenderla en su totalidad.
Sigo convencido de aquella verdad que conocí cuando comenzaba mi adolescencia, solo que ahora entiendo que solo es la forma en que yo comprendí un aspecto de la realidad, pero la duda vuelve a torturarme a veces recordándome que yo, con amabilidad y sinceridad, usé mis ideas en perjuicio de otros y que acaso la herida persista.


jueves, 5 de mayo de 2016

Isekai no Seikishi Monogatari: dale alegría al quinceañero que llevás dentro

Acabo de terminar de ver esta serie de OVAs del 2009, y la verdad es que es divertido de ver. Es un digno sucesor de la serie padre Tenchi Muyo (dentro de la continuidad establecida por los OVAs Tenchi Muyo! Ryo-Ohki) con todos los elementos que caracterizan a una serie de la franquicia: comedia, un personaje masculino rodeado de chicas hermosas, un aire romántico/erótico, acción, mechas, naves espaciales y ciencia-ficción mezclada con fantasía.


La serie sigue las aventuras de Masaki Kenshi, un muchacho de 15 años que cae en medio de un conflicto de intereses en un mundo llamado Geminar. En este mundo la fuerza militar la determina el uso de mechas semi-orgánicos llamados Seikishi, cuyos pilotos (en su mayoría mujeres, con unos pocos y muy apreciados hombres) constituyen una especie de casta noble. En este mundo acaba de morir el rey de Shtrayu, y su hija Lashara, de 12 años, tiene muchos enemigos que no desean que efectivice su reinado. La presencia inesperada de Kenshi y sus particulares habilidades serán determinantes en la guerra que está a punto de estallar.


No, no es una serie para el público filosófico. No ofrece ningún desafío para el intelecto y tampoco lo intenta, uno intuye el final desde el primer episodio (es más, uno se da cuenta del rol de cada personaje en el momento en que lo presentan). No hay mayores explicaciones acerca de lo que está pasando, simplemente uno acepta que es así. Incluso hay giros argumentales que, si resultan inesperados, es porque no tienen demasiada lógica y uno queda parpadeando y preguntándose en qué pensaba el guionista. Pero eventualmente uno se acostumbra, y para el 2° capítulo a uno ya no le importa, porque no es uno quien lo mira, es el quinceañero que tiene dentro: mechas, naves que son mas bien islas flotantes (a la Laputa), chicas bien dotadas en paños menores o en trajes apretados, luchas entre mechas y naves y espadas y rayos y centellas. Cuando termines la serie tu quinceañero interior estará tan vivificado que te vas a preguntar si te levantas temprano para ir a trabajar o para ir al liceo.


Y lo digo a pesar de que para la fecha de su emisión, y teniendo en cuenta que se distribuyó como OVA, no estamos ante el animé mas picante de su momento ni mucho menos. Si, hay un fan-service casi constante que permea todos los capítulos, y sí hay alguna que otra escena un tanto subidita de tono, pero no son nada en comparación con lo que han mostrado otras series contemporáneas de esta.
La animación es buena pero no es de las mejores. Un diseño de personajes agradable pero no sublime. Diseños mecánicos buenos, pero no demasiado innovadores. La música es adecuada pero no deslumbra. Las escenas de acción son divertidas y bien pensadas pero no son impactantes.En definitiva se puede decir que es un animé que promedia en todo y no tiene más propósito que el divertirnos un rato, un propósito que cumple, suponiendo que no nos hayamos levantado demasiado exigentes.


No es un animé inmirable, para nada, es divertido de ver y tiene momentos que son verdaderamente disfrutables (algunas secuencias de artes marciales son muy bien logradas). No aporta nada nuevo, pero tampoco se lo proponía al inicio de todo, así que no miente. Consigue incluso, dejarle a uno la espina acerca de qué sucede luego, espina que acaso se retire este año con la aparición de una nueva serie de OVAs dentro de la misma continuidad a mediados de este año.

martes, 5 de abril de 2016

Enojo

Me enojo. Me enojo un montón.
Me enojo cuando mi estupidez me limita.
Me enojo cuando mi prejuicio me impide ver.
Me enojo cuando no puedo comprender.
Me enojo cuando me impiden hacer lo que considero justo y correcto.
Me enojo cuando intentan hacerme participe de lo que a mi entender es inmoral.
Me enojo cuando puedo hacer 100, pero hago 45.
Me enojo cuando acepto el fracaso como un resultado final posible.
Me enojo cuando fracaso y no tengo la voluntad para cambiar mi forma de enfrentar el problema.
Me enojo cuando me aferro a mi ignorancia como si fuera cultura.
Me enojo cuando no cuestiono y me enojo si me cuestionan.
Me enojo cuando me decepciono y cuando decepciono a alguien.
Me enojo cuando me vuelvo egoísta.
Me enojo porque no entiendo, me enojo porque no quiero entender y me enojo porque a veces no puedo entender.
Me enojo porque no he logrado lo que me he propuesto y hay días que parece que no lo voy a lograr.
Me enojo conmigo mismo y me enojo con el mundo.
Me enojo con los males del mundo, que también viven en mi.
Me enojo todo el tiempo, y eso me enoja.
Y cuando uno esta enojado tanto tiempo se vuelve triste.
Ya no quiero seguir triste, ya no quiero enojarme tanto.
He probado dejar de sentir, ser insensible y no me sale.
He probado anestesiarme, saturarme de otras sensaciones y dura muy poco.
He probado actuar como adulto, y me resulta muy falso.
He querido dejar de ser yo mismo, pero no hay nadie más quien pueda ser.
He procurado entenderlo todo, pero hay cosas que se me escapan.
Y estoy cansado.

martes, 8 de marzo de 2016

De Nacimiento

Nací de sexo masculino. No tuve injerencia en ese hecho. Ya en la infancia, sin embargo, las diferencias claras entre el trato que se da a niños y niñas me quedó claro: las niñas deben jugar a la casa, a las muñecas, los niños debíamos jugar al fútbol, a "los bandidos". Ahora bien, como seguramente sucede en muchos casos, mi vida tiene sus particularidades que me permitieron ver que lo que se establece por norma en la sociedad no es precisamente cierto para todos. Viviendo junto a mis abuelos, pude verlos trabajar a la par en sus profesiones, y mi abuela, siendo costurera, me enseñó a tejer y a usar la máquina de coser, a cambiar botones, a bordar. A mi me atraían esas habilidades, tradicionalmente femeninas, porque permitían crear. También observé cómo mi madre llevó en su vientre a mis hermanos, como ella transformaba ingredientes en el almuerzo de cada día, cómo devolvía a la ropa sucia la pulcritud, como su presencia hacía más llevadero el dolor de una herida.
Así, desde chico, asocié la figura femenina con la capacidad innata de crear. Esa imagen, acaso idealizada, de la mujer me acompañó también durante los años de Escuela y Liceo, reforzada ahora por el hecho de que me resultaba más llevadera la compañía de mis compañeras de clase que de mis compañeros.
Entre varones siempre sentí una inexplicable presión, una cierta competencia, una necesidad de "ser más que" y eso me resultaba agotador, hasta insoportable. Siendo yo flaco y menudo, con poca o ninguna habilidad atlética y sin gusto por el fútbol o la vulgaridad sin sentido, me sentía fuera de lugar entre los varones. Tampoco podía, como hombre, demostrar abiertamente mis emociones, porque "el hombre no llora". No había, entre mis compañeros de clase, muchos comentarios constructivos acerca de las mujeres, nadie elogiaba el intelecto, la sensibilidad o la creatividad, más bien se tenía que elogiar lo físico, porque eso, aparentemente, es todo lo que le importa al hombre. No así entre mis compañeras, ya que siempre encontré amistad, empatía y ecuanimidad con las mujeres. Entre esas amigas de mi juventud encontré mis primeros amores,  pero comencé, también, a observar que mi condición de varón me daba ventajas sobre ellas. Si, ellas también estaban sometidas a presiones semejantes a las mías.
Las mujeres, pude ver, estaban casi forzadas a ciertas carreras mientras que la autoridad tendía al varón. Me llamaba la atención la abundancia de profesoras y la escasez de profesores. Muchas enfermeras y muchos médicos, no así enfermeros o médicas. Se oía hablar de secretarias, pero no de mujeres gerentes, directoras (a  no ser en escuelas o liceos), ministras, senadoras.Y sin embargo era de ellas que me llegaban muchas las más grandes influencias de mi vida: mi abuela, mi madre, maestras y profesoras, compañeras de clase y de trabajo. Todas ellas más capaces que yo, más talentosas, pero como yo soy varón, tuve y tengo mayores oportunidades en el ámbito social, académico y laboral.
Sin embargo sigo admirándolas, esforzándome por hacer eco de su ejemplo, intentando con mis habilidades y talentos que otras mujeres elijan los caminos que la sociedad les niega, usando sus caminos y su vida como aliciente para ellas, y como recordatorio para mi y para mis alumnos de esas desigualdades injustas. Sigo envidiando ese don natural, esa capacidad innata de crear que llevan consigo y que comparten con todos.
Sé muy bien que esta descripción es muy idealizada. De la misma manera que conozco muchos hombre que me hacen avergonzarme de mi género, hay mujeres que son igualmente censurables. Pero eso no evita que siga admirando a las mujeres en su belleza, su inteligencia, su dedicación y su larga y dura lucha por la igualdad. A ellas mi saludo y mi respeto.


martes, 30 de diciembre de 2014

Contando las horas y los minutos: una reflexión de fin de año

Quería hacer una reflexión de fin de año en mi blog, y sentí que no podía, no todavía.
Tantas cosas han sucedido, cosas buenas y cosas malas, las dos a montones.
Tantas experiencias, ilusiones y desilusiones, sueños cumplidos, sueños rotos, desafíos y obstáculos y llanos y montañas. Tuve lluvia, canté y lloré bajo ella, tuve sol, tuve tormentas y tuve arcoíris.
Tuve a mis sobrinos, a mis hermanos, a mis cuñados y cuñadas, tuve a mis amigos, en público y abiértamente, y tuve, en lo privado y de forma solapada, a mis enemigos, uno de los cuales a veces me mira a los ojos cuando observo el espejo.
Tuve a mis alumnos, benditos sean todos ellos.
Tuve triunfos, tuve ceremonias, tuve reconocimientos, tuve fracasos, tuve rechazos, tuve amonestaciones y juicios.
Tuve aciertos, tuve errores, tuve bendiciones y tuve pecados, tuve genialidades y tuve burrezas. tuve razón y estuve equivocado. Lo tuve todo y lo perdí todo y lo encontré de nuevo de una forma distinta.
Vi maravillas, vi terrores, vi amor y vi odio.
Alrededor mío y dentro mío convivieron la calma, la locura, la tolerancia, la insensatez, el terror, el coraje, la rebeldía, la sabiduría, la obediencia y la necedad.
Fue año largo y agotador que pasó muy rápido y me dejó pidiendo más.
Y el año que viene lo espero con nuevos desafíos en mi mochila, nuevas esperanzas en mi corazón, nuevos objetivos, nuevas tierras, nuevas alturas, nuevos conocimientos para comprender, viejas metas para alcanzar, antiguas promesas que cumplir.
Empiezo el 2015 como termino el 2014, a la expectativa, esperando el alba, aguardando el ocaso, remontando el día, vigilando la noche.
Y con esta prosa endeble, estas "linhas tortas" (en portugués "lineas torcidas") como dice Gabriel o Pensador, le deseo al lector, lo mismo que deseo para mi, un año de avance, un año de crecer, de superar, de ir más allá, un muy feliz año nuevo, porque los buenos deseos se escriben igual en todas las ideologías.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Una de terror

Primero quiero mostrarles unas fotos de mis alumnos, véanlas bien, por favor:







¿Están enternecidos?¿emocionados?¿inspirados? ¿no? que lástima, deberían, pero no se preocupen, los entiendo. Después de todo no los conocen, ni han visto sus luchas, ni su esfuerzo, ni nada. Además, todos estamos demasiado ocupados con "asuntos importantes" como para darle media bolilla a un grupete de gurises que están terminando cuarto año del liceo, ¿no?. Bueno es justamente de eso que quiero tratar en este artículo, porque nosotros, ciudadanos promedio de nuestra querida República Oriental del Uruguay, que trabajamos, pagamos nuestros impuestos, nuestra televisión por cable y nuestra conexión a Internet, tenemos mucho, muchísimo que aprender de estos gurises.

Hace muy poco que soy docente de tiempo completo, solo dos años. Soy docente, permítanme aclararlo, por elección propia y no por desesperación, como parecen pensar demasiados de mis conciudadanos. Yo elegí esta carrera, aún cuando ya tenía un trabajo cómodo y clientela en abundancia como técnico reparador, instalador y diseñador de páginas web.
Les doy clases, sobre todo, a alumnos de bachilleratos en cursos de informática técnica, y tengo bajo mi responsabilidad más o menos la mitad de sus asignaturas, debido a que en el interior no hay demasiados docentes preparados en esta área particular. Eso implica que paso muchas horas con ellos, en algunos días estoy con ellos la mitad o más del total de horas que están en la Escuela Técnica, y uno llega a conocerlos un poco. También llega a plantearse metas acerca de cómo uno quiere influenciarlos, en qué dirección y con qué propósito.
Cuando un docente como yo pasa tantas horas con los gurises, siendo yo aún jóven, idealista, con mi carita de bebé (que si me afeito parezco de 20 en vez de los 30 pirulos que cargo encima), uno empieza a relacionarse con sus alumnos de forma más profunda, más entrañable, más humana. Y descubre que ellos, los gurises, lo están observando a uno.
Lo hacen todo el tiempo, consciente e inconscientemente y adoptan comportamientos, costumbres, formas de hablar, formas de trabajar y formas de pensar. Y eso me ha hecho sudar frío más de una vez. Por ejemplo en lo más superfluo, mis alumnos aprendieron de mi el fino arte de decir chistes malos, algunos con pericia insuperable. Pero si aprendieron eso ¿qué otras cosas "no curriculares" han aprendido? Puedo decir y con algo de orgullo que han aprendido mucho más de lo que yo podría haberles enseñado jamás en un año escolar.
Han aprendido a trabajar en proyectos ideados por ellos, han aprendido que pueden crear cosas de casi la nada y que pueden hacerlo bien y que esas creaciones pueden ser lo suficientemente novedosas como para atraer la admiración y el aplauso. Han aprendido que pueden trabajar en equipo, repartiéndose las tareas de forma deliberada, optimizando tiempo y esfuerzo. Han aprendido que las diferencias pueden ser factores potenciadores en un equipo, que el compañero o compañera más callado y retraído puede ser perfectamente un líder en ciertas áreas y que mejor lo reclutan rápidamente para el trabajo. Han aprendido a cuestionar las ideas, aún las que expresa el profesor. Han aprendido a hacerse cargo de sus actos, de encarar las responsabilidades. Han aprendido a probar cosas nuevas, aunque en algún momento les parecieron incomprensibles y que a pesar de eso, les pueden gustar. Han aprendido a aceptar y tolerar lo que no entienden del otro. Han aprendido que los defectos personales pueden enfrentarse y superarse, que pueden ser mejores. Han aprendido que competir no significa necesariamente pisar en el pescuezo al contrario y que el deseo de la excelencia puede ser un valor en si mismo. Han aprendido que a veces las cosas sencillamente no salen como uno quisiera y que sin embargo el tiempo invertido no es una pérdida. Han aprendido que aprender puede ser divertido. Han aprendido que "el profe" es un ser humano igual que ellos, que se enoja, se entristece, se cansa, se equivoca, y que también los necesita a ellos para ayudarlo a ser mejor. Han aprendido mucho más que lo que yo les enseñé, han aprendido tanto que me han enseñado a mi. Han aprendido tanto que me siento orgulloso y privilegiado de ser su profesor. Y no, no son superdotados, son gurises ruidosos y revoltosos que se olvidan de estudiar, que arman tremendos desórdenes en cuanto uno sale del salón y que conversan a los gritos, dejándome agotado y superado después de una clase con ellos. Algunos abandonaron, otros no han superado las exigencias del curso y deben rendir exámenes este diciembre. Gurises normales, hijos de cualquier vecino. Gurises excepcionales que bien podrían sacudir el "establishment" en unos años con ideas revolucionarias que yo soy incapaz de concebir. 

Y a estos gurises los tengo que devolver a ustedes, la sociedad que los envía a las aulas, cada tarde al terminar el día. Y ahí es cuando yo empiezo a temblar en serio. Porque este año, como nunca antes, la sociedad "adulta" de mi querido país se ha comportado como una manada de, por falta de mejor palabra, idiotas incivilizados. Algunos de ustedes, ciudadanos respetables en cualquier otra instancia, han perdido tanto el raciocinio que han expresado las ideas más bajas que he tenido el desagrado de leer: destratos, insultos, intolerancias, violentaciones, abusos, vociferaciones, faltas de respeto, degradaciones, etc. Algunos de ustedes han  cometido actos vandálicos con orgullo e impunidad en contra del derecho ajeno a expresarse mientras se suponen a si mismos como demócratas. Algunos de ustedes han insultado por lo más bajo a sus semejantes solo por el simple hecho de que piensan diferente. O sea que a mi, como docente, la sociedad me pide y me exige que inculque a sus hijos para que sean ciudadanos responsables, pero entonces la sociedad misma, con sus acciones, les enseña todo lo contrario, glorificando la irracionalidad y lo que en general solo se puede calificar de barbarie y estupidez.

Probablemente el problema sea el año que vivimos, un año electoral. Las pasiones ideológicas irracionales están a flor de piel, y todos creemos estar del lado correcto del tablero de las ideas. Y eso es complicado para todos nosotros, lo entiendo, siendo tan caudillistas como somos, siempre detrás de algún estandarte que suponemos es el mejor de todos. Es comprensible. No que pueda entenderlo realmente, pero alguna cosa tenía que decirles para que se sientan mejor.
Pero permítanme pedirles una cosa, en cuanto termine el año electoral y quememos las papeletas en el fuego de algún asado, pregúntenle a sus hijos qué cosas han aprendido de ustedes este año y luego obsérvenlos. Si los ven actuando de forma irresponsable, inmadura, destructiva y les dicen que se vayan a algún lugar desagradable, entonces señores y señoras, han aprendido a la perfección la lección que ustedes han impartido toooodo este año. Porque si me observan con tanto detenimiento a mi, que solo comparto muy pocas horas con ellos, que han aprendido a hacer mis chistes malos mejor que yo, ¿qué podrán aprender de ustedes, los adultos que los han traído a este mundo y se supone que velan por su bienestar? Ustedes saquen sus propias cuentas, y en lo posible no me compliquen más mi trabajo, suficiente tengo con des-enseñar toda la porquería que la sociedad les mete en la cabeza a los pobres.

sábado, 14 de junio de 2014

Electrón: un proyecto para diseñar una imagen para Magallanes del Plan Ceibal

Obviamente no tengo suficientes complicaciones, de otra manera no estaría planteandome esta idea.
Desde hace varios años uso GNU/Linux (lease Ubuntu, pero también he usado Debian y Arch) sin mayores contratiempos, no le tengo miedo a la terminal ni a instalar y desinstalar el sistema cuántas veces sea necesario, pero tengo muy claro que para la mayor parte de mis colegas docentes, el usar Ubuntu es más parecido a un castigo debido a las notables diferencias que tiene con Windows. Aparte de los diferentes inconvenientes a los que se enfrentan muy a menudo debido a esas diferencias, tambieén están las dificultades que provienen del hecho de que la mayoría están ejecutando software terriblemente viejo: Ubuntu 10.04, Gnome 2.x, Firefox 3.x, etc (este problema parece haber sido solucionado en parte por la nueva imagen publicada recientemente por el Plan Ceibal, porque Ubuntu 12.04 no es, precismante, el último bollo que salió del horno, aunque anda muy bien en las Magallanes).
Otro problema paralelo es la gran cantidad de software potencialmente inutil que trae preinstalado la imágen del Plan Ceibal. Digo potencialmente porque, por ejemplo:

  • Sugar probablemente solo me sirve si mis alumnos son de primaria.
  • Surfer solo es de alguna utilidad para los profesores de matemáticas
  • Scratch solo tiene sentido para profesores de informática y quizás de matemáticas
  • VMPK es genial para Música y actividades afines, pero para lo demás no tiene gran utilidad
  • etc.
O sea, es software que algunos necesitan, otros no, y la realidad es que muchos docentes no saben desinstalar un programa en Windows así que no tienen ni la más pálida idea de cómo desinstalar un programa en Ubuntu.
Así que desde hace un tiempo vengo preguntándome cómo podría yo colaborar y así dejar de ser otro más de los que se quejan, y tras un experimento muy positivo instalando Arch Linux, decidí que seguramente yo podría hacer lo mismo con otra distribución. Arch no podía ser, por mucho que me pese, debido a que el programa Intel Theft Deterrent Agent esta diseñado para ser usado en derivados de Debian y re-empaquetarlo para Arch me dió unos resultados un tanto dudosos. No quiero usar Ubuntu, porque, a pesar de lo mucho que lo aprecio, carga con demasiado software al santo botón, y Unity es muy lento en las Magallanes. Necesitaba algo que se instalara con lo menos posible y que me permitiera agregar software desde ahí y que además fuera compatible con el Intel TDA. La respuesta más directa que se me ocurre, entonces es Debian. Y entonces tuve la idea de que bien podría crear una imagen semejante a las proporcionadas por el Plan Ceibal, no con el afán de reemplazar, sino de proporcionar alternativas en el más puro espíritu del Software Libre, una imagen que le facilitara al docente la tarea de seleccionar el software que quiere instalado en su Magallanes.
De eso trata este pequeño proyecto: de diseñar y ofrecer una alternativa. 
Espero tener pronta una versión beta en pocos días y que mis colegas, los que se animen, puedan ponerla a prueba y dar ideas para mejorarla.
¡Nos vemos con novedades pronto!